Hablar del arte más hermoso, quizás del más primitivo, es hablar de Pedro Mercedes, que durante más de 50 años, en su antiquísimo taller de Cuenca, con su torno y horno árabe ha dejado transcurrir su pasión creadora.


De formación totalmente autodidacta, fue uno de los primeros alfareros en firmar sus piezas, que supo evolucionar hacia nuevos horizontes, creando escuela.


Su obra es fácilmente reconocible, en especial su decoración a base de “raspado”, técnica creada por él.


Por encima de sus cualidades artísticas, ha estado ese hombre sencillo, llano, lejano a sentimientos postizos.


Con Pedro Mercedes, la alfarería ha evolucionado de la tradicional artesanía a la categoría de arte.